
Las actividades industriales se agrupan en torno a sectores que se identifican por el destino final de los bienes producidos o de acuerdo con la naturaleza u origen de las materias primas utilizadas.
Según el primer criterio, distinguimos entre industrias de base, de bienes de equipo y de bienes de uso y consumo
Las industrias de base ocupan el primer eslabón en la cadena industrial, pues transforman las materias primas en productos semielaborados que, a su vez, son empleados como materia prima por otras industrias. Un buen ejemplo serían las industrias siderúrgica y petroquímica. Las industrias de bienes de equipo producen bienes de equipo producen bienes, máquinas o herramientas, que son utilizadas por otras industrias en sus proceso fabriles. Las industrias de bienes de uso y consumo transforman materias con distinto grado de elaboración o productos diversos en bienes que son usados o consumidos directamente por la población.
Asimismo, los sectores industriales pueden establecerse considerando sus características generales; de este modo, distinguimos entre los sectores industriales tradicionales, los sectores dinámicos y los sectores de vanguardia.
a) Entre los sectores tradicionales de la industria española incluimos aquellos que tuvieron una importancia capital en todo el proceso de industrialización contemporánea y que se relaciona con los metales.
La metalurgia básica, tanto por ser la base de actividades industriales como por su dimensión económica, generación de empleo, conexión de otros sectores económicos, como la minería, etc., constituye uno de los principales sectores de la industria española
La industria metalúrgica más destacada del hierro, es decir, la siderurgia, en sus dos modalidades: la siderurgia integral, que obtiene acero en los altos hornos a partir del mineral de
hierro, y la no integral, que lo obtiene en hornos eléctricos a partir de la refundición de la chatarra
La industria siderúrgica se consolidó en el País Vasco, para luego extenderse al Mediterráneo (Altos Hornos del Mediterráneo) y a Asturias (Ensidesa). Tuvo un gran impulso en las actuaciones llevadas a cabo por el Instituto Nacional de Industria, que construyó grandes acerías, explotadas por empresas públicas. Su sobredimensionamiento con relación a las necesidades españoles fue una de las causas que originaron su crisis, razón por la cual fue necesaria una fuerte reconversión que tuvo importantes repercusiones sociales. La siderurgia no integral, en cambio, responde a una estructura empresarial de menor tamaño y que su ámbito de implantación se extiende también a Navarra, Asturias y Cataluña.
Muy relacionada con la industria siderúrgica está la de transformados metálicos, que fabrica una gama de productos que abarca desde la ferretería hasta la maquinaria; va asociada a la pequeña y mediana empresa y tiene una mayor dispersión espacial, aunque se localiza preferentemente en los tres hogares clásicos de la industria española: País Vasco, Cataluña y Madrid.
Mucho más reciente en la cronología industrial es la fabricación de electrodomésticos, que, por la naturaleza de los componentes que utiliza, tienen una clara filiación con las industrias metalúrgicas. Ha alcanzado una significación extraordinaria por su condición de abastecedora de bienes de uso a los hogares modernos. Su expansión fue paralela a las transformaciones experimentadas por la sociedad en los años 60, a la adopción de nuevas fuentes de energía para uso doméstico (gas butano, gas propano, gas natural) y a la generalización de la industria del frío. En principio, fue una industria muy atomizada en empresas de tamaño medio, aunque después sería reestructurada mediante procesos de concentración industrial.
La construcción naval es otro de los sectores más importantes de nuestra industria tradicional. Es heredera de la vieja carpintería de rivera y, aunque los buques siguen construyéndose en las instalaciones denominadas astilleros, el material utilizado en la construcción es el acero, que ha permitido el aumento de tonelaje. Por iniciativa del INI se construyeron grandes astilleros en enclaves significativos del litoral (Ferrol, Cádiz). Su estructura empresarial era la de grandes empresas públicas (Astano, Empresa Nacional Bazán) especializadas en la construcción de buques petroleros y graneros, y con los cuales España ocupó un lugar de privilegio en la lista de países constructores. Además de los grandes astilleros,existenempresasdemenortamañodedicadasalaconstruccióndebarcosde pesca o de recreo.
La crisis del petróleo afectó a la industria de construcción naval; por un lado, se evidenciaron las deficiencias estructurales de nuestros astilleros, por otro, el encarecimiento del crudo obligó a transportarlo en barcos de tonelaje medio. A partir de 1990 descendió la construcción de barcos y el sector concluyó una dura reconversión industrial, que generó desempleo y cuyos efectos sociales trataron de paliarse con incentivos y concesión de zonas de urgente reindustrialización (bahía de Cádiz).
b) Otros sectores industriales, como los de automoción, químico y agroalimentario, presentan un mayor dinamismo, que procede de su condición de abastecedores de bienes y productos absolutamente imprescindibles en el funcionamiento de la propia sociedad industrial. Por lo general, son actividades con un alto componente tecnológico, tributarias de grandes inversiones y capital multinacional, y de grandes instalaciones fabriles.
El sector del automóvil se desarrolló en España en la década de 1960, siendo, a su vez, uno de los impulsores del crecimiento económico. Prosperó bajo la protección estatal y al amparo de las inversiones realizadas por grandes marcas multinacionales y por el INI. Constituye un sector de gran influencia en la economía, por sus efectos inductores y por su capacidad de activar las numerosas empresas de las que recibe componentes.
España cuenta con importantes plantas de fabricación de automóviles distribuida por toda la geografía nacional (Madrid, Barcelona, etc) y es uno de los sectores exportadores de nuestra economía. La industria automovilística sufrió los efectos de la reconversión, que estuvo muy centrada en el saneamiento técnico y financiero, el cual fue posible con el concurso de inversiones extranjeras y estatales.
El sector químico se articula en torno a la industria petroquímica y a la industria química de transformación. La primera constituye la química de base, que se lleva a cabo en grandes complejos industriales, por lo general asociados a las refinerías de petróleo (Huelva, Algeciras, Cartagena, etc.) Es tributaria de grandes capitales, por lo común extranjeros.
La industria química de transformación obtiene productos diversos, como pinturas, fertilizantes, etc., que se elaboran en establecimientos fabriles de mucho menor tamaño. Estos tienen un alto grado de dispersión espacial, aunque su localización preferente coincida con las regiones más industrializadas del país: País Vasco, litoral catalán y en el área metropolitana de Madrid.
c) A la vanguardia de la industria y con una clara proyección de futuro se hallan los sectores de tecnología punta, que aportan descubrimientos, nuevos materiales, sistemas y medios para la mejora de la producción industrial. A partir de estos elementos, se habla de una nueva revolución industrial. Su importancia radica en la inusitada importancia que ha alcanzado
la tecnología en el mundo contemporáneo, donde el valor de los bienes industriales no radica tanto en el de sus componentes materiales como en el de sus componentes tecnológicos.
Se trata de un sector que integra las distintas ramas de la electrónica y su desarrollo ha sido impulsado por la Administración, pues es completamente imprescindible para en los restantes sectores industriales.
La actual crisis económica y los recortes impuestos por el gobierno han dado al traste con industrias necesarias para cualquier país avanzado al gar la financiación a sectores de investigación imprescindibles para desarrollar industrias puntas.
En cuanto a los sectores de tecnología punta, sobresale el de la industria farmacéutica, que emplea a más de 4000 personas y destaca por la elevada inversión en investigación e innovación —ensayos clínicos— por parte de multinacionales extranjeras en sus hospitales, considerados entre los de mayor calidad y formación técnica que, con más de mil millones de euros anuales, viene siendo una de las mayores de Europa. Esta industria registró un incremento del 4,9% en 2021. Los medicamentos son el cuarto producto más exportado. Además, generó unos 183 506 empleos entre directos e indirectos, con una mano de obra de gran calidad y altos salarios. La industria farmacéutica tiene costes competitivos, altos niveles de inversión, sostenibilidad de la producción y eficiencia energética, pues usa un 70% de energías renovables. Sus retos son mejorar la dependencia exterior de las materias primas y la digitalización. La pandemia ha demostrado que los medicamentos son un bien estratégico, por lo que hay que evitar la dependencia de Asia.
En los sectores de tecnología punta se contemplan ayudas para implantar las nuevas tecnologías que demandan los mercados y para que las fábricas no emigren a otros países. Un buen ejemplo son las grandes industrias del sector del automóvil y sus fábricas auxiliares —España es el segundo fabricante europeo de automóviles—, que han de adaptarse a fabricar coches híbridos o eléctricos, en detrimento de los vehículos convencionales de gasolina y diésel. Es una industria con un peso relativo frente a los países del Este, por la localización en sus territorios de los grandes grupos empresariales atraídos por la mano de obra cualificada, los bajos costes salariales y la larga tradición industrial. Ocupa a casi dos millones de trabajadores y trabajadoras (con más de 66000 con empleo directo). Es un sector con elevado nivel de automatización e I+D+i, aunque exporta el 80% de los vehículos fabricados en España. En el año 2020, la pandemia agudizó los problemas de suministros a nivel global y el descenso de la demanda. El cierre de algunas fábricas y el desplome de las ventas llevó a muchos trabajadores al ERTE y al cierre de empresas. En el 2021 inició una tímida recuperación por la incertidumbre, el retraso de los planes de inversión y la compra de modelos de segunda mano. Se espera que los fondos europeos incentiven la descarbonización por el bajo precio de las baterías de los coches eléctricos y la mejora de las infraestructuras de carga.
Entre los años 2015 y 2020, el sector secundario ha perdido peso en Europa. La economía española sigue dependiendo demasiado de tecnologías ejecutadas en el exterior, porque no siempre se diseñan políticas de innovación. El tejido industrial se está incorporando a la globalización económica, pero muchas decisiones empresariales se toman fuera de España, ya que hay pocas sedes centrales de grandes empresas. La excepción son los sectores en los que somos líderes mundiales como ingeniería, agroindustria, materiales de construcción, energías renovables o diseño y moda.
El sector agroalimentario ha irrumpido con fuerza en las sociedades modernas. Consiste en un proceso de transformación de los productos agrarios impuesto por la disociación entre zonas productoras y consumidoras. Es un sector que se caracteriza por la diversidad en cuanto a la naturaleza de los productos, los procesos de transformación, la estructura empresarial, la distribución geográfica de las fábricas, etc. En general, predominan las fabricas pequeñas y medianas que coinciden en su mayoría con las áreas de regadío, aunque también se han establecido grandes empresas multinacionales, cuya presencia podría ser muy importante en ramas como la de los derivados lácteos, la del aceite, la del azúcar, etc.
La agroindustria es el principal ramo manufacturero de España y el quinto más importante de la Unión Europea. Sus sectores más relevantes son los de la industria cárnica, productos de alimentación animal, bebidas, aceites de oliva y productos hortofrutícolas. En 2021 supuso el 25,4% del sector manufacturero y el 22,5% de los ocupados. La tasa de empleo femenino es del 40%. Las principales comunidades autónomas por su peso agroindustrial son Cataluña, Andalucía, Castilla y León y Comunidad Valenciana. La agroindustria española se orienta cada vez más a la exportación, lo que le ha permitido crecer de forma sostenida en las últimas décadas. España, por su clima y su suelo, es la «huerta de Europa» y uno de los principales productores de aceite y de aceituna del mundo.La industria agroalimentaria aumentó pese a la crisis de la COVID-19.
En 2022, la industria agroalimentaria se vio afectada por la falta de materias primas al disminuir la importación de aceite de girasol de Ucrania. El aumento de los costes por la guerra de Ucrania afecta a todos los eslabones de la cadena alimenticia; producción, transformación, distribución y transporte.
A ello se une la sequía. El alza de los costes se trasladó a los precios de los alimentos que paga el consumidor final. La nota positiva es el crecimiento de las exportaciones en el 2022. No obstante, se ha extendido el miedo al desabastecimiento por la importante participación de Rusia y Ucrania en el mercado mundial de cereales, aceites y fertilizantes. Sin embargo, los acuerdos para liberar parte del cereal retenido en el mar Negro y las buenas cosechas en otros países productores han ayudado a estabilizar los precios agrícolas y a reducir el riesgo de la crisis alimentaria.
Siguiendo con los sectores tradicionales, el de la moda y confección ha visto reducir su volumen de negocios durante el periodo de crisis económica iniciado en 2008, para ir recuperándose en los últimos años.
Los sectores de la industria textil, del cuero y del calzado son, igualmente muy importantes en el tejido industrial español. La industria textil catalana constituyó uno de los pilares de la industrialización, aunque con el correr de los tiempos experimentó cambios profundos, unos relacionados con la sustitución de las fibras orgánicas (lana, lino, algodón) por fibras de origen químico, y otros relacionados con la reestructuración de las empresas, que han aumentado de tamaño al concentrarse multitud de pequeñas fábricas en unidades de producción más
competitivas.
La industria de la confección es una rama derivada de la industria textil que ha surgido a medida que la población demanda confecciones en lugar de tejidos. Está formada por un enjambre de pequeñas industrias que, al igual que la industria del calzado, se encuentra muy dispersa, aunque se extiende, sobre todo por las regiones mediterráneas.
España es actualmente un gran exportador de prendas de moda, gracias a la tradición y calidad de formación de sus diseñadores y a la presencia de empresas líderes mundiales como Zara (Grupo Inditex), habiendo alcanzado sus exportaciones los 22000 millones de euros en el año 2016, cuando solo eran la mitad en el año 2006. Como producciones singulares destacan la moda flamenca y del caballo. La facturación del sector textil se incrementó en 2021, lo que supuso un retroceso del número de empresas (7957) frente a 2019 (8282). Las exportaciones crecieron respecto al año 2020. Los destinos principales fueron Francia, Italia y Portugal, entre otros países.
España ocupa el cuarto lugar en el mundo por su industria editorial, que mueve entre 2000 y 3000 millones de euros anuales. El 70% del tejido empresarial se concentra en Madrid y Barcelona. El 25% de su producción se destina a la exportación. Tras el descenso de ventas durante la crisis económica iniciada en 2008, el sector se recupera, ya que la industria de contenidos digitales alcanza actualmente en España un volumen de negocios de 11000 millones de euros, para cerca de un millar de empresas y más de cien mil trabajadores y trabajadoras. La industria del libro, la primera industria cultural de España, facturó 2576,70 millones de euros en 2022 y editó 79373 títulos, según datos de la Federación de Gremios de Editores de España.
Por último, las empresas de ingeniería empresarial son las que aplican conocimientos científicos, tecnológicos y empresariales para la optimización del uso de recursos humanos, técnicos e informativos; para el manejo y gestión óptimos de los sistemas empresariales y servicios; así como para la evaluación de sistemas integrados aplicados en campos como la gestión del personal, del capital, del conocimiento o de la información. Arropadas por una densa red de escuelas de ingeniería, surge entonces un potente grupo español de empresas de ingeniería; algunas estuvieron previamente bajo la tutela estatal y posteriormente se privatizaron (energía, servicios aéreos, ferrocarriles y telecomunicaciones), y otras han nacido directamente del impulso de la iniciativa privada (obras públicas o electrónica de consumo).
Han sido, en gran medida, las responsables de las grandes operaciones de crecimiento urbano residencial y turístico y de las recientes infraestructuras de transporte y comunicaciones ejecutadas en España. Ahora bien, una vez adquirida suficiente experiencia y nivel de capitalización, estas empresas han dado el salto al mercado mundial, se han internacionalizado o, lo que es lo mismo, son algunas de nuestras empresas multinacionales más representativas.