
La Guerra Europea 1939-1941
Desde septiembre del 39 hasta junio del 41, la guerra fue un triunfo espectacular de los alemanes, aunque no pudieron doblegar al Reino Unido, como les hubiera gustado.
Las primeras operaciones comenzaron en Polonia. Los polacos estaban muy decididos a defenderse, pero se engañaban respecto a su fuerza. En pocos días, las tropas de Hitler aplastaron a los polacos mediante la técnica del Blitzkrieg y ocuparon la parte occidental. A su vez, cumpliendo lo acordado, el Ejército Rojo entró en acción y ocupó la parte oriental, confirmando la inutilidad de la resistencia.
En octubre, Polonia desaparecía de nuevo repartida entre sus vecinos, sin que los aliados hubieran movido un dedo por ayudarla. Los soviéticos aprovecharon para ocupar extensos territorios.
En noviembre, invadieron Finlandia, donde encontraron una resistencia decidida. Aunque al principio, los rusos lucharon mal. Y sus fracasos fueron atribuidos sobre todo a las purgas, porque éstas habían descabezado los mandos más experimentados del ejército. Pero a pesar de todo ello, la fuerza de Rusia era imparable. Todo esto hizo que no se pudiera evitar la victoria de la URSS en febrero de 1940, tras lo cual los finlandeses mantuvieron cierta independencia política. Más tarde, también se adhesionaron las repúblicas bálticas y las convirtieron en repúblicas soviéticas, y otros territorios al sur de las mismas.
En el oeste, mientras tanto, se producía una situación insólita que duró más de ocho meses. Es lo que se conoce como la guerra de broma o la guerra boba. Los ejércitos enemigos estaban frente a frente, pero la inactividad era total. Los aliados estaban confiados en que la línea de fortificaciones francesa, la línea Maginot, haría desistir a Hitler. La palabra clave era expectación. En Alemania, los planes se sucedían sin que ninguno llegara a cuajar. Tanto unos como otros aprovecharán esta tregua de hecho para incrementar sus efectivos y pertrechos.